Conocido como el Hospital de Nuestra Señora la Blanca, se construyó a principios del siglo dieciséis, gracias al deseo de Andrés López de Capillas, un reputado ciudadano que decidió financiar esta obra.
Situado junto a la ruta Jacobea, nació con la finalidad de auxiliar a todos aquellos peregrinos que necesitasen ayuda. Fueron tres siglos de actividad constante, siempre ligados a esa función de socorro al caminante y que, poco a poco se iría extendiendo a los sectores más pobres de la sociedad, como los huérfanos y los enfermos.
El edificio presenta un estilo sobrio, recordando a las casas señoriales del siglo quince. De su fachada principal, destaca la puerta de entrada, un arco carpanel formado por doce dovelas que se apoyan en grandes sillares dispuestos hasta el suelo. De morfología rectangular, cuenta con un patio central en torno al que se vertebran todas las dependencias del edificio, entre las que se encontraban las cocinas, corrales, los aposentos y también una capilla dedicada a la Peregrina. Se encuadra dentro de la tipología hospitalaria de tradición medieval, época en la que el concepto de hospital iba más allá de las funciones estrictamente sanitarias.
Además del edificio principal, se construyeron otras dependencias anexas con una doble intencionalidad; por una parte daban servicios adicionales a los peregrinos y por otra ayudaban con la financiación del hospital. Así se construyó un mesón anexo, del cual ya no se conserva nada.
En el año mil ochocientos cincuenta y ocho, el estado decidió venderlo a Nicolás María Diez y se puso fin a tres siglos de existencia.

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