El origen del templo cristiano de San Miguel en El Acebo se remontaría a los siglos doce o trece. Al menos, eso es lo que hace suponer su espadaña tardorrománica, uno de los elementos mejor conservados de todo el conjunto. Coronado por una veleta, su campanario es el único punto que sobresale en medio de la armonizada población. Los materiales con los que se edificó son los mismos de los de las casas a ambas orillas de su Calle Real, dotando a sus muros de piedra de un aspecto prácticamente idéntico al del resto de las edificaciones.
Las flores de lis son, según relata el Codex Calixtinus, uno de los símbolos de Santiago. La túnica que cubre la talla de la Iglesia de San Miguel, está decorada con flores de lis. Ese detalle es el que ha llevado a asignar la talla policromada a Santiago y no a San Miguel, titular de la Iglesia.
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