La iglesia de Santa María del Camino está construida en el estilo románico a finales del siglo once, aunque con incorporaciones góticas y barrocas. Se encuentra en la calle de su mismo nombre y está declarada monumento nacional. Se trata de un edificio macizo, pensado para funciones defensivas, que presenta gran escasez de vanos. Su fachada, estructurada en tres alturas, aparece porticada e influenciada por modelos franceses Tolosanos. El vano de acceso al templo presenta un arco de medio punto, con pronunciadas arquivoltas sobre las que destaca el friso de la adoración de los Reyes Magos, las figuras de Sansón y Carlomagno, así como una arquivolta de personajes en sus oficios. Las impostas de la puerta y los capiteles están decorados con toros y animales fantásticos, respectivamente y, por motivos estructurales, el friso se encuentra interrumpido por arbotantes levantados posteriormente, en el siglo diecisiete, para evitar el desplome del monasterio. El obispo Molino Navarrete crearía una capilla para su propio y eterno descanso, para lo que perforó el ábside central y reconstruyó las cubiertas.
En el interior del templo conserva una talla de la Virgen del Camino o de la Victoria del siglo trece, el Cristo del Amparo gótico de arte renano del siglo catorce y la capilla de Antonio Pastor con una pintura de escuela sevillana del diecisiete, entre otras obras.
A la puerta de la iglesia, los peregrinos se juntaban para oír historias de toros y doncellas, leyendas de moros y caballeros, esculpidas muchas de ellas en su fachada. Y es que para el peregrino creyente Santa María del Camino guarda un carácter especial. Las tallas de cabezas de toro en el parlamento exterior recogen una conocida leyenda del lugar, que cuenta la historia de las cuatro jóvenes que esta localidad debía entregar a los musulmanes como parte del “Tributo de las Cien Doncellas”. Se dice que éstas pidieron permiso para despedirse de su virgen. Ante la injusticia que iba a cometerse, Santa María del Camino se apiadó de ellas. Hizo entonces aparecer cuatro toros que hicieron que los musulmanes huyesen despavoridos, dejándolas libres.
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