Las fuentes son, a lo largo del Camino, uno de los elementos más abundantes de toda la ruta. También son, sin duda, uno de los más esperados por los peregrinos. Agua fresca para calmar la sed, para templar las fuerzas e incluso lavar el sudor acumulado tras los kilómetros. Aguas con sus propios matices, más o menos cargadas de sales y minerales, en función de las tierras en las que nazcan. Fuentes que son, también, oportunidades de valorar la riqueza de los detalles que rodean la Ruta. Las hay monumentales, curiosas y hasta tímidas, como la de Santibáñez de Valdeiglesias.La fuente de este pueblo está oculta bajo tierra. Para acceder a ella y disfrutar de sus aguas que recorren el subsuelo de la localidad, es necesario descender los trece escalones que salvan el desnivel que lleva hasta su posición. Trece, un número que, en esta ocasión, no es de la mala suerte.Entonces, con la sed saciada, las cantimploras llenas y listos para seguir el viaje, podemos acercarnos a la Iglesia Parroquial de la Santísima Trinidad de Santibáñez de Valdeiglesias. Un templo de líneas sencillas y desahogadas, dominado por la espadaña que resguarda las campanas, en el que en su interior se pueden apreciar numerosas tallas de santos relacionados con el Camino. Las más atractivas, las de San Roque ataviado como un peregrino y la ya habitual de Santiago Matamoros.
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