El Ganso es una pequeña localidad, situada en la comarca de la maragatería, que cuenta con una población que no llega al medio centenar de habitantes. Se cuenta que su nombre proviene de la gran cantidad de aves que poblaban el lugar, hace siglos. Actualmente, su actividad económica principal está directamente relacionada con los servicios vinculados al Camino, ya sean restaurantes, bares u hospederías, entre otros.
En el pueblo, aún pueden contemplarse restos de las antiguas casas teitadas, cuyo techo o teito está realizado con paja de centeno mezclada con fibras vegetales. La utilización de este tipo de cubierta se remonta a la prehistoria y ha permanecido durante siglos entre nosotros. Se ha considerado a las casas teitadas como un indicio del substrato celta de toda esta zona. Cada vez se hace más complicado poder observar de cerca este tipo de techumbres, pues requieren cuidados frecuentes para su conservación. La complicación de encontrar, en estos tiempos, profesionales que conozcan cómo tratar estas pequeñas obras de arte de la arquitectura popular, así como la materia prima adecuada para restaurarlas, conlleva que permanezcan pocos ejemplos en pie. Estas construcciones conviven con las también típicas casonas, realizadas en piedra.

El Ganso es una pequeña localidad, situada en la comarca de la maragatería, que cuenta con una población que no llega al medio centenar de habitantes. Se cuenta que su nombre proviene de la gran cantidad de aves que poblaban el lugar, hace siglos. Actualmente, su actividad económica principal está directamente relacionada con los servicios vinculados al Camino, ya sean restaurantes, bares u hospederías, entre otros.En el pueblo, aún pueden contemplarse restos de las antiguas casas teitadas, cuyo techo o teito está realizado con paja de centeno mezclada con fibras vegetales. La utilización de este tipo de cubierta se remonta a la prehistoria y ha permanecido durante siglos entre nosotros. Se ha considerado a las casas teitadas como un indicio del substrato celta de toda esta zona. Cada vez se hace más complicado poder observar de cerca este tipo de techumbres, pues requieren cuidados frecuentes para su conservación. La complicación de encontrar, en estos tiempos, profesionales que conozcan cómo tratar estas pequeñas obras de arte de la arquitectura popular, así como la materia prima adecuada para restaurarlas, conlleva que permanezcan pocos ejemplos en pie. Estas construcciones conviven con las también típicas casonas, realizadas en piedra.

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