Estamos a punto de entrar en Ruitelán, un pequeño pueblo de veintitrés habitantes. Su iglesia parroquial está dedicada a San Juan Bautista y alberga una imagen de San Froilán. Este eremita lucense, que llegó a ser Obispo de León, guarda una profunda relación con la localidad.
En lo alto del pueblo vivía este sabio, en una cueva en la falda de la montaña. Hoy puede visitarse la capilla construida en su honor sobre la gruta natural que le serviría de refugio místico. El pueblo cuenta con otra ermita, dedicada a San Esteban.
San Froilán llegaría a Ruitelán al entrar su vida espiritual en crisis. Sólo en el ochocientos cincuenta saldría de su cueva, convencido de actuar frente a lo que él consideraba una tremenda injusticia. Se trataba de las noticias de muerte que traían las represalias a las revueltas mozárabes en la España musulmana. Enfervorizado, se sometió a una prueba de fuego. Se dijo que, si Dios anulaba las leyes naturales y no se quemaba al introducir una brasa ardiendo en su boca, abandonaría su retiro. Así lo hizo. Al no producirse quemadura alguna, decidió que el Señor se había manifestado, instándole a volver a llevar su palabra a los pueblos y ciudades.
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Comentario por zwrot podatku z holandii — 4 Noviembre, 2010 @ 8:25