Nuestro nuevo destino será Boadilla del Camino. Tras la bienvenida de Ítero de la Vega a tierras palentinas, llega el momento de seguir nuestro peregrinaje, a través de sus campos de cereales de color parduzco.
Son ocho los kilómetros que nos separan de Boadilla, y no entrañarán demasiadas dificultades a la hora de afrontar este tramo del recorrido.  Saliendo de Ítero de la Vega parte un cómodo camino de tierra, que deberemos seguir, descubriendo a nuestro paso, las bodegas excavadas en el terreno y que caracterizan esta zona. Unos dos kilómetros después, se cruza el Canal de Pisuerga y se acerca el único escollo antes de llegar a Boadilla. Un leve ascenso a un collado desde el cual se avista, ya cercano, el pequeño pueblo.
A su entrada, un gran parque recibe a los caminantes. Es en este punto donde, en los días secos y calurosos de verano, se puede disfrutar a la sombra de una hermosa chopera y descansar un rato.
Justo aquí, a las puertas de Boadilla, el Camino nos plantea dos opciones; la primera nos permitirá bordear el pueblo y continuar nuestro viaje. Por el contrario, si decidimos conocer el centro de esta pequeña villa, debe elegirse la segunda de las alternativas. De este modo podrá visitar su iglesia parroquial, fechada en el siglo quince, y contemplar el que está considerado uno de los mejores rollos de justicia de Castilla.
No debe preocuparse si viaja con alguien que ha decidido tomar una opción distinta a la suya, las dos vías vuelven a unirse al pasar el pueblo, para dirigirse ya hacia Frómista.

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