A unos tres kilómetros de distancia, un nuevo “hito” nos espera, un nuevo lugar referencial, y nuestro destino más próximo, Ítero de la Vega. Tras decir adiós a la provincia de Burgos entramos en el primer municipio en tierras palentinas.
El río Pisuerga, frontera natural, acompaña ahora al peregrino hasta que, cruzando por el Puente Fitero, de construcción románica, y dejando a un lado la hermosa Ermita de la Piedad con su imagen de Santiago peregrino, aparece Ítero de la Vega sin ninguna dificultad.
La proximidad del río hace que el caminante pueda disfrutar a la sombra de chopos y sauces que crecen en las orillas buscando zonas húmedas. Jilgueros y alondras también ayudarán a que nuestro recorrido por este lugar se haga más llevadero.
El resto del paisaje sigue siendo el cereal, son los campos de cultivo los responsables de que el trazado del Camino pase actualmente por Ítero de la Vega puesto que fueron estos los que lo obligaron a desviarse de su inicial recorrido, que no pasaba por esta localidad en su paso hacia Frómista.
Es por ello, que Ítero de la Vega no posee la tradicional estructura lineal, adaptada al trazado de la Ruta Jacobea, al igual que muchos otros pueblos del Camino, sino que se forma con una estructura concéntrica en torno a su iglesia, la iglesia de San Pedro, del siglo dieciocho.

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