A medida que avanzamos por el Camino, con los kilómetros acumulándose en nuestras piernas, hablar de lugares más o menos cercanos que resulten de especial interés, puede no ser atractivo para todos. La decisión es personal, pero no podemos dejar de mencionar la Herrería de Compludo ahora que estamos en sus alrededores.
Desviándonos cinco kilómetros del trazado del Camino Francés, se encuentra la Herrería de Compludo, un enclave de un gran interés histórico, declarado Monumento Nacional y Bien de Interés Cultural. Su construcción estaba asociada a la fundación, por San Fructuoso, del Monasterio de Compludo, en el siglo siete.
Para llegar hasta la herrería deberemos tomar un sendero en descenso desde El Acebo, que desemboca en un segundo tramo por la vera de un arroyo, en medio de una frondosa vegetación. Este trayecto nos lleva hasta la que ha sido definida, por diversos estudios en relación a la rueda motriz, como la forma de utilización del agua más rudimentaria y primitiva que se conoce, un inteligente sistema de aprovechamiento hidráulico para la forja.
Las aguas son canalizadas para lubricar el mecanismo impulsor y para que, con su fuerza, provoquen una corriente que avive el fuego de la fragua. Las aspas, impulsadas por el agua, giran alrededor de un eje de levas junto a una gran viga de nogal, dentada en su extremo. Esta última hace palanca para el largo martillo pilón, que golpea sobre el yunque donde se trabaja el material. La velocidad de todo el mecanismo se regula en función del caudal del agua utilizada. Una sorprendente obra de ingeniería medieval que, sin duda, merece la pena conocer.
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