El porte de las murallas que rodean Mansilla, deja claro que no se trataron de simples cercados, sino que existió un interés evidente por defender este pueblo, perteneciente al reino de León, puesto que se trataba de un núcleo defensivo importante para los intereses reales.
En origen fueron construidas con tierra, pero ya en el siglo doce, ayudadas por el cauce del Esla que las rodea, protegían a Mansilla con sobrios muros, hechos con cantos rodados y cal.
Llegaron a alcanzar los tres metros de grosor y los catorce de altura, estando todo el perímetro rematado con almenas.
Situados en puntos estratégicos, como un elemento defensivo más, se levantaban los cubos. Seis torres albarranas separadas unos cuarenta metros entre si. Construidas sobre una planta semicircular, permitían desde ellas, avistar al enemigo y prepararse para la defensa. Hoy todas aparecen adosadas al muro, fruto de actuaciones posteriores, excepto una. Esta torre todavía nos permite, subir la escalinata empleada en aquella época medieval y disfrutar, desde lo alto, de una bella panorámica de la zona, comprendiendo al mismo tiempo, la función de vigilancia con la que se construyeron estos cubos durante la Edad Media.

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