Doscientos veintidós kilómetros a Santiago de Compostela. Doscientos noventa y cinco a Finisterre. Dos mil cuatro cientos setenta y cinco a Roma. Cinco mil a Jerusalén o a Trondheim en Noruega, y casi nueve mil quinientos a Machu Pichu. Esas son las distancias desde Manjarín a estos puntos tan distantes en el globo. Así lo reza el cartel a las puertas del refugio de peregrinos de este pueblo perteneciente al municipio de Santa Colomba de Somoza. Una pequeña localidad por la que pasan, cada año, miles de peregrinos de lejanos lugares del planeta. Muchos de ellos aprovechan para hacer su aportación a la curiosa señalización y no es extraño que, de un tiempo a otro, se vayan añadiendo carteles que marquen la distancia a un nuevo punto. Nueve mil trescientos setenta y seis kilómetros a México. Más de dos mil a Münich.
Las casas del pueblo no han sido ajenas al paso del tiempo, pero todavía muestran el mismo tipo de construcción que el refugio: muros de piedra y tejado de pizarra. En los aledaños del mismo, todos esos peregrinos, provengan de donde provengan, pueden sellar sus credenciales en este lugar, al que le gusta presentarse como “el hogar del último de los templarios”.
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