En la iglesia de San Pedro se encuentra una custodia de plata que guarda tras de sí una curiosa historia.
Cuentan que tuvo lugar en el siglo quince y dice así: Un vecino del pueblo, Pedro Fernández de Teresa, solicitó un préstamo a un judío que también vivía allí. Al no poder enfrentarse a los pagos para su devolución en el plazo acordado, fue denunciado ante las autoridades de la iglesia que decidieron excomulgarlo.
Ante la deshonra sufrida, decidió, sin que nadie lo supiera, solicitar otro préstamo para saldar su anterior deuda y ser perdonado.
Pasado el tiempo cayó enfermo y solicitó ser confesado y recibir la comunión. El sacerdote acudió a su petición pero, cuando quiso proceder a darle la comunión, la Sagrada Forma se quedaba misteriosamente pegada a la patena.
Ante tal hecho el cura preguntó al enfermo si recordaba algo que debiese confesar. Así lo hizo, reconoció su trampa para pagar su deuda y, en cuanto lo hizo, el sacerdote despegó la Forma, procedió a darle la comunión y así pudo descansar en paz.
Esta historia ha servido para que muchos conozcan a Frómista como “la villa milagro”.

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