A la Virgen Blanca se le atribuyen numerosos milagros. Entre ellos, la concesión de mercedes a peregrinos que no podían llegar a Santiago. Del mismo modo, de ella se contaba que tenía el don de descubrir a los falsos peregrinos, como en el caso de un conde francés al que impidió entrar en la iglesia, incluso empujado por diez de sus hombres, hasta que no se hubo arrepentido de sus graves pecados.
Otra de las leyendas que versan sobre esta iglesia dice que quien golpee en el lugar de la portada de la Iglesia donde se pose un rayo sol en el momento justo del equinoccio de primavera, le será revelado el lugar donde se encuentra el tesoro de los Templarios.
No se acaban aquí las historias que perviven al cobijo de estos muros. Al lado del mencionado sepulcro del Infante don Felipe, además del que alberga a un caballero Templario, descansa el de la segunda esposa de éste. La primera había sido Cristina de Noruega, que llegó a España para casarse con el soberano.  Sin embargo, tras el repudio del monarca, terminó por desposarse con su hermano. Cuentan que la pobre murió de tristeza, de melancolía ante el recuerdo de sus tierras norteñas.

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