Todo lo que empieza tiene un final. Desde el inicio de esta etapa, allá por Rabanal del Camino, hemos superado ascensos, pendientes, altos y bajos, con la idea de alcanzar Ponferrada. A las afueras de Molinaseca, tras dejar atrás el Crucero del Santo Cristo, nos quedan menos de siete kilómetros hasta la bandera de llegada, en la capital del Bierzo.
El trecho que nos separa transcurre en descenso, por pistas de tierra y asfalto, con una última travesía urbana. En primer lugar, un rápido tramo hasta el pueblo de Campo, donde podemos recoger agua en su fuente medieval, construida a modo de aljibe subterráneo. Nada más superarlo, realizamos una parte del Camino por los márgenes del vertedero municipal, convertido en paraíso las colonias de cigüeñas, grajos y cuervos que ahí se alimentan cada día.
Para salvar el cauce del Mascarón, nos ayudaremos de su puente medieval, listos ya para afrontar la última parte del recorrido, junto a las vías del tren, hasta Ponferrada. Sorteamos el paso de los raíles de hierro por un túnel para llegar, un poco más adelante, a la Basílica de Nuestra Señora del Bierzo, que marca la entrada en la ciudad.
Así, una vez dentro de este lugar, que ya fue importante castro romano y sede templaria, comprobamos que, a pesar de las profundas huellas de la Historia, el tiempo no pasa en balde. La industrialización y el amplio desarrollo de la segunda mitad del siglo veinte, le han dado a Ponferrada la imagen que tiene hoy en día.

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