Un oasis en el Camino.
Con ese sobrenombre ha sido conocido, desde muy antiguo, el pueblo de Molinaseca. Esta localidad, la primera de gran importancia una vez finalizado el descenso del Monte Irago, marca el inicio del fértil valle del Bierzo. Con una estructura más urbana que la de los pueblos anteriores, Molinaseca mantiene intacta su larga tradición jacobea, conservando su fisonomía y aspecto medieval. Estas características han sido decisivas, para que haya sido considerada Bien de Interés Cultural.
El puente, sobre el río Meruelo, y su Calle Mayor, que atraviesa la localidad de extremo a extremo, conforman uno de los conjuntos más típicamente jacobeos que pueden encontrarse en la actualidad. Esta calle principal, una auténtica arteria sobre la que se articula la vida del pueblo, nos habla de la importancia histórica que ha tenido este enclave. Casas tradicionales, arquitectura notable, torres, blasones y escudos nobiliarios, corroboran la existencia de ese importante legado.
Molinaseca cuenta con una población de unos seiscientos habitantes. Su ayuntamiento engloba a los pueblos de El Acebo y Riego de Ambrós, y tiene, como actividad económica principal la producción alimentaria.
En este término municipal se ubican seis productos gastronómicos etiquetados con una marca de calidad reconocida: el vino, la manzana reineta, el botillo, el pimiento, la cecina y la pera. Lógicamente, la práctica totalidad de sus habitantes están implicados en profesiones relacionadas con el cultivo, elaboración y cuidado de la tierra. Son especialmente conocidas y frecuentadas, sus múltiples bodegas. Por supuesto, su elevado valor patrimonial, que se añade al gastronómico, es otro de los principales reclamos que hacen de Molinaseca un destino muy atractivo para el turismo.
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