El Monasterio de San Zoilo, de gran riqueza y variedad de estilos, se encuentra en el barrio del mismo nombre, el cual hasta mil quinientos sesenta y cuatro contaba con una jurisdicción propia.

La primera comunidad en habitar el edificio habría sido probablemente mozárabe, de vocación sanjuanista, para dar paso a partir de mil setenta y siete a la congregación benedictina. Estos monjes fueron los encargados de la cámara recaudatoria de las parias musulmanas que se habían de enviar a la orden de Cluny.

Se conserva en la edificación, la fachada occidental de estilo románico, del siglo once, que presenta columnas de mármol y capiteles influidos por el estilo de San Martín de Frómista. Actualmente, este muro y su portada se encuentran en el interior del conjunto monástico.

La fachada norte, obra de Felipe Berrojo, es de un excelente barroquismo, con una cuidada ornamentación que le aporta una imponente monumentalidad. En su lado derecho, se encuentra la torre del templo, construida en ladrillo, con una impecable pureza de líneas, salvo en su remate superior, donde pueden observarse una compleja serie de molduras con decoración geométrica .

Este Monumento Nacional cuenta también con un impresionante claustro renacentista, iniciado por Juan de Badajoz en el año mil quinientos treinta y siete, que alberga los sepulcros de los conocidos infantes de Carrión. Hasta aquí llegaron también las reliquias de San Zoilo y San Felices, traídas de Córdoba por don Fernando Gómez, primogénito de los condes fundadores. Hoy en día, parte de las instalaciones han sido transformadas en una hospedería de lujo. Igualmente, es en el Monasterio de San Zoilo, donde se guardan unas piezas de enorme valor escultórico, los sepulcros de los Gómez, pertenecientes al taller de Carrión de los Condes, el cual tuvo en Antón Pérez su mayor exponente.

Cuenta la leyenda que en el monasterio de San Zoilo se obró el milagro de la sanación de un peregrino ciego. Cuando el invidente llegó al templo, desechó la invitación de los monjes, que le ofrecían una cama para dormir, prefiriendo pasar la noche orando ante el altar del santo. A la mañana siguiente, los monjes pudieron comprobar como daba gracias el peregrino. Milagrosamente, había recuperado la vista.?

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