El Monasterio Real de San Benito, está considerado como el modelo más representativo de los templos benedictinos que existen en la Península Ibérica. Su origen está directamente relacionado con el rey Alfonso Tercero el Magno, responsable de la donación de una antigua iglesia ubicada en el lugar, para servir de refugio a un abad, en el año novecientos cuatro. Pero su época de máximo esplendor la disfrutará durante el reinado de Alfonso sexto. Será a partir de su boda con Constanza de Borgoña, interesada en implantar la liturgia romana, cuando los monjes de Cluny entren en la abadía.
Con el siglo quince comenzará su decadencia. Varios hechos desencadenan su caída. Primero, la pérdida de su independencia eclesiástica, en mil cuatrocientos noventa y cuatro, para pasar a depender del monasterio de Valladolid, fundado, un siglo antes con monjes del propio monasterio de Sahagún. Después, el Terremoto de Lisboa, en mil setecientos cincuenta y cinco, que daña la estructura del templo y obliga a impulsar reformas que eviten su ruina.
Por último, el decreto de supresión de las órdenes monacales, en mil ochocientos veinte, lleva al templo a la exclaustración. Los edificios que conforman el monasterio serán sacados a subasta pública, con la excepción de la torre del reloj y el Arco de San Benito.
De lo poco que se conserva hoy del monasterio, cabe resaltar la capilla de San Mancio. Construcción de estilo románico-mudéjar del siglo doce que, originariamente, estuvo dedicada a San Benito. Estaba formada por una nave de tres tramos, de los cuales sólo quedan dos. Se ubicaba al norte del ábside de la iglesia y, en su día, acogió las reliquias de San Mancio.
También merece la pena observar el Arco de San Benito, construido en mil seiscientos sesenta. Es una obra del arquitecto Felipe Berrojo y, hoy en día, es atravesado por la carretera nacional ciento veinte. La torre del Reloj es otra de las joyas de este monasterio.
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