La Plaza Mayor, constituye el punto habitual de reunión de todos los leoneses. Construida a mediados del siglo diecisiete, presenta una tipología muy recurrida en este momento histórico en el que se pretendía dotar a las ciudades de grandes espacios, permitiendo que todos sus ciudadanos tuviesen en ella un lugar donde encontrarse.
La plaza fue proyectada por el padre Antonio Ambrosio, tras la destrucción de parte de la ciudad por un incendio, y finalizada bajo la batuta de Francisco del Piñal.
Cerrada en sus cuatro caras, presenta fachadas bastante homogéneas, con una zona baja porticada y dos alturas con ventanales y pequeños balcones. Tan sólo el Consistorio en una de las caras, varía levemente esta estructura, pero sin llegar a romper la uniformidad del conjunto, de gran belleza y sobriedad.
El citado Ayuntamiento, con aires barrocos en su tipología de palacete, y presidido por una torre, no se empleó, casi en ningún momento, con la finalidad que a su nombre se le presupone, sino que se utilizó para infinidad de actividades que van desde la sede del Archivo Municipal o la escuela pública, pasando por casa de Socorro y llegando a ser también sede de los juzgados.
Por su parte la Plaza Mayor, también fue empleada con muy diferentes objetivos, aquí se sucedieron desde ejecuciones hasta celebraciones taurinas. Y por supuesto, aquí tuvo lugar el alzamiento del pueblo leonés contra los franceses en mil ochocientos diez.
Hoy, seguimos disfrutando de un magnífico espacio de reunión que continúa siendo el lugar elegido para desarrollar multitud de actividades y celebraciones.
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