El puente de los Peregrinos, el único peatonal de Molinaseca, es una de sus señas de identidad. Situado después del Santuario de Nuestra Señora de las Angustias, permite superar el cauce del río Meruelo y adentrarse en el interior del pueblo a través de la calle Real.
Se conserva abundante documentación, de los siglos once y doce, relativa al puente y a su importancia en la comarca. De todos modos, muchos autores aluden a sus características y a la más que conocida presencia de los romanos en estos territorios, para situar en esa época su primera edificación.
La fábrica de las tres bóvedas más antiguas, hoy embotadas en el conjunto del puente, hablan de una construcción previa. Su presencia, casi enterradas, hace que sus arcos de medio punto puedan llegar a parecer arcos escarzanos. Las otras cuatro son bóvedas de cañón peraltadas.
Las luces de las siete bóvedas de sillería, con las que cuenta en total, van desde los cuatro a los ocho metros de longitud. El ancho del puente también varía, desde los más de dos metros y medio del lado este, el más cercano al Santuario, a los casi cuatro de la vertiente que da a la calle Real, desembocando así en la vía principal de Molinaseca.
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