Si hay algo que se debe tener muy claro en nuestros primeros pasos por suelo palentino es que ésta, era tierra de justos.
Los rollos de justicia presiden una y otra vez, las plazas de los pequeños pueblos que salpican este peregrinaje a Compostela. Aquí, en Boadilla del Camino, no se puede perder la ocasión de verlo, no en vano, nos encontramos ante el que está considerado como el mejor rollo de justicia de Castilla.
En el siglo quince, gracias a un privilegio que el pueblo obtuvo de Enrique cuarto, por el que dejaba de estar sometido a los señores de Melgar y Castrojeriz, se decidió levantar uno para dejar constancia de la nueva situación de la villa.
Se asienta sobre una basa circular de la que nacen cinco escalones con unas dimensiones en su parte baja que superan los doce metros de perímetro.
No menos imponentes son su fuste y el capitel, que se elevan más de siete metros. El primero está profusamente decorado, entre los muchos motivos de los relieves se encuentran claras alusiones a su pertenencia a la ruta jacobea.
Por su parte, el capitel, se divide en dos cuerpos. El inferior está decorado con motivos vegetales que parecen representar la flora y la fauna del país, y el superior está adornado con cabezas de león, de lobo e incluso gárgolas. Todo ello a su vez, coronado por la aguja gótica.
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