Nada más dejar Tardajos, ya se adivina en la distancia el siguiente pueblo. Poco más de un kilómetro y medio de rápida travesía hasta llegar a Rabé de las Calzadas. Un trayecto amable por un pequeño valle, entre campos de labor e hileras de chopos. Una ocasión de comprobar en carne propia que, como todos los sabios afirman, además de llegar es importante disfrutar del camino.
A lo lejos, se escucha el serpenteo nervioso del Urbel. Un río de caudal muy inestable que, antiguamente, anegaba con frecuencia estos terrenos. De esta situación nació un dicho popular de lo más explicativo: “De Rabé a Tardajos, no te faltarán trabajos. De Tardajos a Rabé, libéranos Domine”.
Sin embargo, el tiempo y la mano del hombre han ido metiendo en cintura al inquieto Urbiel. Alcanzar Rabé ya no es una odisea, si no un recorrido apacible hasta la confluencia de dos antiguas vías romanas, el lugar donde se asienta el pueblo. Allí, su Fuente de Prao Torre servirá para calmar la sed y refrescarse. En el conjunto urbano de Rabé de las Calzadas, con casonas en sillares calizos y calles anchas, encontramos nuevas muestras de la riqueza patrimonial a lo largo del Camino, como la Iglesia Parroquial de Santa Marina y la Ermita de Nuestra Señora del Monasterio.
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