El Camino, en su búsqueda de Santiago, no traza una línea recta hasta Compostela. Serpentea, siempre con sentido, por trayectos y senderos, en busca de una ruta algo más amable con el peregrino. A la salida de Villalbilla, escoge continuar por los márgenes de los ríos. Refugios bajo el sol áspero de la meseta o cobijo frente al viento.
Hasta llegar a Tardajos, a tres kilómetros y medio, el trayecto sigue de la mano de los ríos Arlanzón y Ubierna. Ambos ríos mezclan sus aguas cuando el Ubierna desemboca en el primero. Hasta ese momento, colaboran para formar una zona húmeda que ha atraído a los asentamientos humanos desde muy antiguo. Los primeros llegaron en la época celtíbera, continuando en la época romana. La cercana Deobrígula da fe del paso, por estos terrenos, de una importante calzada romana, la que unía Julióbriga, en las afueras de Reinosa, en Cantabria, y Clunia, al sur de la provincia de Burgos.
Cuando volvamos a cruzar un río, en este caso el Ubierna por la nacional ciento veinte, estaremos a menos de quinientos kilómetros de Santiago de Compostela. Después se adivina ya Tardajos, donde existen varios servicios para los peregrinos. En este pueblo también se ha habilitado la antigua casa del maestro como refugio. La iglesia de Santa María, del siglo trece, posee una talla barroca del Ecce Homo en la que merece la pena detenerse, mientras aprovechamos para hacer un alto en el Camino.
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