Villares de Órbigo es una población de poco más de veintiséis kilómetros cuadrados de superficie, enclavada en el valle del Órbigo, el más rico en aguas subterráneas de la provincia,  en pleno ecuador del Camino de Santiago.
La fertilidad natural de sus tierras, bañadas por las aguas del  río Órbigo, han determinado su economía, tradicionalmente agraria. La fama y el reconocimiento del que hoy hacen gala sus productos hortofrutícolas le viene de lejos, sobre todo, en lo que se refiere a sus frutales, ajos y puerros. De hecho, la villa muestra una intensa actividad agrícola desde el siglo doce.
El prestigio de las hortalizas y legumbres de su huerta, en la que se cultivan desde pimientos, garbanzos, alubias, o coles,  ha ido en aumento con el paso de los años, traspasando las fronteras de su territorio, y convirtiéndolas en unas de las más solicitadas de León y de las provincias limítrofes. En este sentido, el ayuntamiento organiza cada año, en el mes de septiembre,  una feria dedicada a promocionar y extender la calidad de los frutos del municipio, transformando las calles de la localidad en el mejor escaparáte para lograr este objetivo.
Villares de Órbigo cuenta con una población que ronda los ochoceintos habitantes, y está ligada, desde tiempos ancestrales, a la Ruta Jacobea, que la cruza a través de dos sendas.
Está formada por seis pequeños pueblos: Moral de Órbigo, San Féliz de Órbigo, Santibáñez de Valdeigleisas, Valdeiglesias y el propio Villares de Órbigo, donde está situado el Ayuntamiento.  En la Edad Media conformaban un señorio propiedad de la familia de Quiñones, y  arciprestazgo de Astorga. Entre sus atractivos turísticos cabe destacar la belleza de sus espectaculares paisajes y la iglesia parroquial de Santiago, su  edificio más emblemático, que encontramos en el centro de la villa.
El santuario, que conjuga el estilo románico y barroco, fue erigido sobre planta de cruz latina  a finales del siglo dieciocho. Posee adosada a su fachada sur la sacristia y el pórtico de acceso y, al norte, el salón parroquial.
Destaca su espectacular torre-campanario, de ladrillo, que contrasta con las tradicionales espadañas de otros pueblos del entorno. Su construcción se llevó a cabo en dos fases. Una primera, a principios de siglo dieciocho, en la que se construyó el cuerpo inferior de la  torre,  y otra  segunda, acaecida en la segunda mitad de ese mismo siglo, en el que se finalizó la obra, mostrando el aspecto que conserva en la actualidad.

Villares de Órbigo es una población de poco más de veintiséis kilómetros cuadrados de superficie, enclavada en el valle del Órbigo, el más rico en aguas subterráneas de la provincia,  en pleno ecuador del Camino de Santiago.  La fertilidad natural de sus tierras, bañadas por las aguas del  río Órbigo, han determinado su economía, tradicionalmente agraria. La fama y el reconocimiento del que hoy hacen gala sus productos hortofrutícolas le viene de lejos, sobre todo, en lo que se refiere a sus frutales, ajos y puerros. De hecho, la villa muestra una intensa actividad agrícola desde el siglo doce.El prestigio de las hortalizas y legumbres de su huerta, en la que se cultivan desde pimientos, garbanzos, alubias, o coles,  ha ido en aumento con el paso de los años, traspasando las fronteras de su territorio, y convirtiéndolas en unas de las más solicitadas de León y de las provincias limítrofes. En este sentido, el ayuntamiento organiza cada año, en el mes de septiembre,  una feria dedicada a promocionar y extender la calidad de los frutos del municipio, transformando las calles de la localidad en el mejor escaparáte para lograr este objetivo.Villares de Órbigo cuenta con una población que ronda los ochoceintos habitantes, y está ligada, desde tiempos ancestrales, a la Ruta Jacobea, que la cruza a través de dos sendas.Está formada por seis pequeños pueblos: Moral de Órbigo, San Féliz de Órbigo, Santibáñez de Valdeigleisas, Valdeiglesias y el propio Villares de Órbigo, donde está situado el Ayuntamiento.  En la Edad Media conformaban un señorio propiedad de la familia de Quiñones, y  arciprestazgo de Astorga. Entre sus atractivos turísticos cabe destacar la belleza de sus espectaculares paisajes y la iglesia parroquial de Santiago, su  edificio más emblemático, que encontramos en el centro de la villa.El santuario, que conjuga el estilo románico y barroco, fue erigido sobre planta de cruz latina  a finales del siglo dieciocho. Posee adosada a su fachada sur la sacristia y el pórtico de acceso y, al norte, el salón parroquial.Destaca su espectacular torre-campanario, de ladrillo, que contrasta con las tradicionales espadañas de otros pueblos del entorno. Su construcción se llevó a cabo en dos fases. Una primera, a principios de siglo dieciocho, en la que se construyó el cuerpo inferior de la  torre,  y otra  segunda, acaecida en la segunda mitad de ese mismo siglo, en el que se finalizó la obra, mostrando el aspecto que conserva en la actualidad.

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