El Segura ha condicionado la existencia de Murcia. Desde el Neolítico, las cercanías del río han acogido asentamientos humanos. Sin embargo, no fue hasta la llegada de los romanos cuando se inició la ordenación de las aguas y las plantaciones, trabajo que continuarían los visigodos.

La llegada de los musulmanes supuso una nueva transformación. Durante más de cuatro siglos, Abderramán II y luego sus descendientes, hicieron de Murcia uno de los puntos más importantes de los dominios árabes. Las huellas de esta época son evidentes, en los restos de la muralla, en los sistemas de regadío o en el trazado del casco histórico.

Alfonso X El Sabio estableció los pilares del desarrollo del municipio. Primero el Renacimiento y después el reinado de los Austrias, permitirían un crecimiento culminado en el gran esplendor del siglo de oro de Murcia, el XVIII. Bajo el liderazgo de personajes como el Cardenal Belluga o el Conde de Floridablanca, se dieron los pasos para el gran salto urbanístico y administrativo.

La creación de la Universidad, a comienzos del siglo XX, abrió las puertas de la modernidad. A partir de ahí, el progreso ha sido constante, coronándose en las últimas décadas con novedosos elementos arquitectónicos y escultóricos, muchos de ellos con firmas de prestigio internacional. Una larga historia, sacando lo mejor de cada una de las diversas culturas, para conformar esta actual Murcia vanguardista y abierta.

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