La Plaza Cardenal Belluga nació de la reforma urbanística de los alrededores de la Catedral, llevada a cabo en el siglo XVIII. En una época de prosperidad en Murcia, se ideó el proyecto de abrir este espacio, del que llama la atención hasta su pavimento, en el mismo lugar que ocupaba el antiguo Palacio Episcopal. El nuevo edificio, en el que dominan los tonos ocres y rojizos, se convirtió en la más brillante muestra del estilo rococó en la ciudad.

De planta cuadrada, el Palacio Episcopal destaca por la multitud de escudos frontales, tanto de formas redondeadas como triangulares, y detalles ornamentales. Su fachada principal, en la que se aprecia la huella del gusto italiano, está abierta por un arco de entrada, flanqueado por pilastras jónicas y coronado por un gran balcón. En los laterales, hay otras dos puertas de líneas más sencillas, entre las que sobresale la de la derecha, que da paso a la Capilla del Palacio, una obra de arte del barroco murciano.

La parte posterior del edificio, orientada hacia el río, presenta una sorprendente forma de “L”. En ella se ubica el famoso “Martillo”, espacio concebido como un mirador para el obispo. Un lugar ideal para deleitar con las hermosas vistas del Segura a las notables personalidades que se han instalado en el Palacio Episcopal, como Isabel II o Alfonso XII.

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