Pradomao, es un lugar mágico, como detenido en el tiempo. Podremos coger agua en el pozo situado detrás de la fuente o visitar la iglesia, accediendo por un estrecho pasaje de piedras. La iglesia tiene una fachada de tres niveles, destacando en el segundo dos arcos con dos campanas y en el piso superior otro arco con contorno en forma de estrella. Si se detiene unos  minutos mientras aprecia la bucólica vista hacia el embalse, podrá comprobar la originalidad del repicar de campanas.
Si bajamos hacia el río, encontramos vestigios de una calzada romana. Aproximadamente doscientos metros de ella se conservan en bastante buen estado. Posiblemente fuera una de las múltiples vías de acceso  a la Vía Nova. Esta se denominaba popularmente Vía Nova porque fue una de las últimas rutas de comunicación que fueron construidas en el noroeste peninsular.
La vía nova comunicaba la ciudad de Braga, portuguesa hoy en día, y la castellano-leonesa de Astorga, trazando una diagonal que pasaba por la gallega provincia de Ourense, donde nos encontramos. Se construyó en el siglo I alrededor del año 80 D.C. durante el imperio de Vespasiano.
En un primer momento, el propósito de esta vía era organizar la ruta del comercio generado por las minas de las Médulas, cercanas a Astorga. Posteriormente, el objetivo sería comunicar directamente dos núcleos urbanos importantes como era el de Astorga con la antigua capital de la Gallaecia, Braga.
Se denominaba popularmente Vía Nova porque fue una de las últimas rutas de comunicación que fueron construidas en el noroeste peninsular.
Después de este breve repaso histórico, proseguimos para cruzar Castiñeiras y llegar al pie del embalse de Edrada. 
 

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