Nos acercamos ahora a Verengo, un pequeño lugar, con marcada vocación ganadera, donde las viviendas se arraciman formando un núcleo compacto, en el medio del cual destaca la presencia de una capilla dedicada a Santa Bárbara.
La capilla, modesta y sencilla, se encuentra curiosamente situada entre dos casas, como si todo el pueblo quisiera proteger esta frágil construcción.
La tradición impone que se saque a la santa en procesión cuando hay tormentas. Según cuenta la leyenda, Santa Bárbara era una joven profundamente espiritual que abrazó la fe cristiana. Su padre, rey pagano, la forzó a abandonar la fe. Al no conseguir la renuncia, la chica fue juzgada y condenada a la pena capital. Su propio padre ejecutó la pena, tras lo cual murió fulminado por un rayo.
Como decíamos, esta singular capilla, y a Santa Bárbara, la encontraremos, casi escondida entre dos casas, en el centro del pueblo.
Seguiremos esta misma carretera cerca de un kilómetro más, y al llegar al primer cruce cogeremos la indicación a la derecha, hacia Pradomao, para llegar por último al bellísimo embalse de Edrada.
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