Estamos en el entorno del Monasterio de Santa Cristina de Ribas de Sil, un lugar mágico, tanto por lo visual como por lo auditivo, escondido en la espesura del bosque. Deténgase unos minutos a percibir con todos sus sentidos, los sonidos, los colores, la brisa, la naturaleza…cierre los ojos e imagine como antaño los monjes, al huir de los invasores musulmanes, encontraron aquí un remanso de paz.
En un entorno en armonía con la naturaleza, aquellos monjes, primero eremitas y luego benedictinos, hallaron el lugar idóneo para abandonarse a la oración.
El monasterio de Santa Cristina es uno de los grandes encantos monumentales y espirituales de la Ribeira Sacra. La primera referencia sobre el origen del monasterio la encontramos a finales del siglo X, con el asentamiento de eremitas que se refugiaban en las orillas del río Sil para llevar una vida de meditación y oración.
Desde principios del siglo XII pertenece a la orden benedictina, orden que construyó el primitivo monasterio y la iglesia. El monasterio destacó por su importancia durante el medievo, como lo demuestran los restos de las vías de comunicación medievales que se conservan en la zona.
Su decadencia comienza con la reforma monástica del siglo XV, desaparece como abadía pasando a convertirse en priorato del monasterio de San Esteban de Ribas de Sil, lo que permite que se inicie las obras de reconstrucción del claustro y la decoración de los ábsides con frescos.
Veamos ahora el monasterio con más detalle.
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