En el Monasterio de Santa Cristina actualmente distinguimos dos cuerpos: uno el de la iglesia y, haciendo ángulo recto con su fachada, el otro, que es el monasterio.
Nos ocuparemos primero de la iglesia, que es uno de los mejores exponentes de románico rural gallego, construida entre finales del siglo XII y principios del XIII.
Recorreremos por unos minutos el exterior, observando sus características, para a continuación entrar, si han solicitado la llave en Casa Pepe, como les recordábamos al principio de la ruta.
Así, podemos ver como la sobria fachada principal se divide en dos cuerpos: el inferior, que sirve de entrada al templo, y el cuerpo superior, en el que apreciamos un majestuoso rosetón calado con arcos lobulados, que ilumina el templo. Sencillamente maravilloso.
En el cuerpo inferior destaca la portada, formada por tres arquivoltas de medio punto, trasdosadas con la típica moldura ajedrezada, que descansan sobre tres pares de columnas con capiteles decorados por cabezas humanas y motivos vegetales.
En las fachadas laterales podemos contemplar los robustos contrafuertes y las ventanas que se abren entre ellos. Las centrales están enmarcadas por arcos de medio punto sobre sencillas columnas, con capiteles decorados por motivos vegetales.
Mientras accedemos al interior de la Iglesia observamos la torre del campanario, que está adosada al costado norte de la iglesia, y que no sólo servía para llamar a la oración, sino que también advertía del acercamiento de enemigos, convirtiéndose en punto de vigilancia y torre defensiva. Esta torre tiene originales arcos apuntados y capiteles con tallas de hojas de acanto, y está rematada con una cubierta en forma de pirámide.
Indudablemente, la excepcional belleza de esta iglesia reside en su armoniosa y elegante arquitectura.
Ya en el interior, percibimos que la iglesia presenta planta de cruz latina, con una nave longitudinal alta y esbelta, formada por cinco tramos separados por arcos fajones apuntados. Estos arcos de refuerzo se hacen corresponder externamente con contrafuertes rítmicamente dispuestos, que ya observábamos desde el exterior. Los gruesos muros y los arcos sostienen una elegante y sencilla cubierta de madera.
La nave del transepto sobresale bastante de la nave, y en sus dos hastiales también se abren ventanales románicos. En el cruce de las mismas, una cubierta de piedra en bóveda de medio cañón descansa sobre cuatro arcos levantados sobre columnas adosadas, con capiteles muy ornamentados.
En la cabecera tiene tres ábsides semicirculares, y cada uno de los ábsides alberga una capilla. La mayor de ellas está precedida de un tramo recto llamado presbiterio, cubierto por una bóveda de cañón, y está decorada toda ella con pinturas de finales del siglo XVI. Se abren sencillos ventanales de arquivolta plana en las tres calles principales.
Los ábsides laterales, además de tener un tamaño muy inferior, poseen asimismo una articulación más simple, con tambor liso y una estrecha aspillera central. En uno de ellos todavía se conserva un altar románico.?
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