Haciendo ángulo recto con la fachada de la iglesia nos encontramos con la puerta de entrada al monasterio. Esta tiene una sola arquivolta decorada con grandes hojas de col y con doble moldura geométrica en zigzag, en ella descubrimos figuras sedentes con un libro abierto y en la superficie interior, los cuatro símbolos de los evangelistas: el toro, el águila, el león y el ángel.
Del monasterio sólo se conservan dos alas, en las que se abren las galerías del claustro, remodelaciones renacentistas del siglo XVI. Desde este claustro se accede a las dependencias monásticas. En el primer piso, rodeada por ventanas con asientos, en las paredes, podemos ver restos de lápidas sepulcrales de los abades.
Le dejamos ahora para que siga disfrutando y apreciando los detalles de esta obra maestra de la arquitectura, para después continuar por la senda dejando atrás el increíble recuerdo de este paraje.
Tras visitar el monasterio de Santa Cristina, volveremos sobre nuestros pasos por el sendero peatonal que nos ha traído hasta aquí, llegando así a la bifurcación donde vimos señalizada la desviación hasta el pueblo de Castro.

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