El barrio de la Alegría es un lugar idóneo para apreciar la cultura local, una calle con varias edificaciones con balcones de madera pintados en colores llamativos. Un buen ejemplo de ello es la casa museo de Isidro. El exterior de esta casa es un museo improvisado que recomendamos ver con detenimiento. La fachada principal de la casa está adornada con típicos instrumentos gallegos de labor agrícola, muchos de ellos hoy desaparecidos u obsoletos. Fijémonos en la azada, la hoz, el arado o la carretilla de madera, graciosamente expuestos. Parecen transportarnos un siglo atrás. Nos adentran en otros tiempos donde la vida campesina era si cabe, más dura que la actual.
Siguiendo la calle de la Alegría, está la Rectoral de Parada de Sil del siglo XVIII y al lado, la Iglesia Parroquial que esconde en su interior un digno retablo de estilo rococó dedicado a San José.
Desde que Santa Cristina pasó a depender de San Esteban de Ribas de Sil, convirtiéndose en priorato, Parada de Sil ocupó un lugar importante, radicando en el pueblo la granja de este priorato que hoy todavía persiste y se conoce como la Rectoral. Un pequeño jardín da pie a un edificio en forma de U, totalmente construido en piedra, sobre el que destaca una pequeña torre coronada con una singular cubierta redondeada, que servía de torre defensiva. Tiene un hermoso arco de entrada de medio punto, de fuertes dovelas, terminado en un frontispicio que lleva adosado un escudo cuartelado que tiene como timbre un capelo del que cuelgan tres borlas a cada lado, lo que se identifica como de abad.
Este mismo escudo se repite en uno de los muros de la casa, sin timbre. Aparece dividido en cuatro cuarteles que hacen alusión tanto a San Esteban de Ribas de Sil como a los orígenes del Monasterio de Santa Cristina de Ribas de Sil. En el primer cuartel figuran cinco mitras, el tocado con que los obispos cubren su cabeza durante los oficios litúrgicos. En el cuartel opuesto se representan otras cuatro mitras, sumando el total de nueve, las nueve mitras de San Esteban de Ribas de Sil, que recuerdan los obispos que renunciaron a sus respectivas sedes, en el siglo X, y que según la tradición fueron enterrados en el denominado Claustro de los Obispos del citado monasterio y que, obviamente, pasaron al escudo por la vinculación de Santa Cristina al otro cenobio benedictino. En el segundo cuartel aparecen seis róeles puestos en palo y muy erosionados. Éstos aluden a las armas de la familia Castro perteneciente al Condado de Lemos. Finalmente, en el tercer cuartel aparece una mano que sujeta una palma y una corona real, en clara alusión al martirio de Santa Cristina, patrona del monasterio.
Aún no hay comentarios.
Suscripción RSS a los comentarios de esta entrada. TrackBack URL