En la casa tradicional gallega,  como en toda muestra de arquitectura popular, la forma sigue a la función y los materiales empleados en la construcción, son aquellos que el medio ofrece de manera natural.
Estas edificaciones son la herencia de un pueblo  integrado con su entorno, y muestra de su quehacer.
La casa que aquí observamos es buena prueba de ello. Su exterior está cercado por el típico muro de piedra, piedra recogida del terreno de labranza que lo circunda, facilitando de este modo el trabajo en el mismo. Como en muchas casas típicas de la zona, notamos la presencia de un “Sequeiro”, lugar de preparación y conservación de las castañas, aunque también servía de granero, para guardar otros alimentos.
El acceso a la casa se hacía por una escalera de piedra exterior, que acaba en un descansillo y que conjuntamente forman el denominado “patín”. La planta baja se componía de tres elementos: la pocilga, la cuadra y la bodega. Así los animales, alojados en la parte inferior, ayudaban con su calor a mantener la parte superior caliente…La escalera exterior, típica de la arquitectura popular, es una constante en la arquitectura gallega, y podemos observar viviendas de reciente construcción que adoptan esta curiosa solución… aunque ya no sea necesario por no albergar animales en las mismas dependencias.
Con función de vivienda, la planta superior contenía los dormitorios y la cocina. Tenemos que destacar en ella el uso de la “lareira”, que con el fuego en el centro y con los instrumentos para cocinar colgados, se aprovechaba para hacer de pequeño sequeiro, y también para secar la carne de la matanza. Este espacio se conformaba como lugar de reunión de la familia y vecinos, tanto por el calor físico como por su aspecto acogedor que invitaba a la conversación.

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