En el punto en el que la Kale Nagusia desemboca en Arma Plaza, se sitúa la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción y del Manzano, durante mucho tiempo conocida popularmente como La catedral del Bidasoa.

Construida a partir de mil cuatrocientos setenta y uno sobre los restos de la antigua iglesia, aprovechando parte de las murallas y una casa-torre, es un templo lleno de historia y leyenda. Se cuenta que bajo la primera piedra, el conde francés de Armenac dejó su anillo de oro y diamantes en agradecimiento a la antigua villa.

Esta iglesia fue testigo de excepción de innumerables acontecimientos históricos como bodas o tratados de paz. Aquí, por ejemplo, se desposó por poderes la infanta María Teresa de Austria, hija de Felipe Cuarto.

La Iglesia fue levantada durante los siglos quince y dieciséis, con un marcado estilo gótico flamígero, con influencias renacentistas, siendo consagrada en mil quinientos cuarenta y nueve por el obispo de Bayona. De planta de cruz latina, tiene tres naves de diferentes alturas. Los tres ábsides de su cabecera se convirtieron en puntos de vigía, debido a las privilegiadas vistas que tiene la iglesia sobre Hondarribia. La sacristía se encuentra asentada sobre las murallas.

La fachada principal, situada al oeste, es de formas sencillas y cuenta tan solo con dos ventanales, además del pórtico de acceso. Antes de subir a Arma Plaza, es recomendable visitar la fachada lateral del templo y su puerta más antigua, de fino estilo gótico, con una hermosa portada de arco conopial, arquivoltas y pináculos. En su costado izquierdo, se encuentra adosado el escudo más antiguo de Hondarribia, además de la entrada, hoy tapiada, de la Capilla de San Jerónimo. La verja que cierra el atrio, pieza del siglo dieciséis, procede de la primitiva capilla mayor. Al final del paseo de la Brecha, contemplamos una antigua bóveda, del destruido palacio adosado al Castillo de Carlos Quinto, recuperado en las obras de ampliación del Parador Nacional. Desde ese punto, podemos disfrutar de una bellísima panorámica de la Bahía de Txingudi.

Al entrar en la iglesia podremos contemplar el minucioso trabajo en piedra, a modo de artesonado, que recorre la portada. En el bajocoro, cubierto con una impresionante bóveda de crucería, encontramos una profusa decoración labrada en piedra: la Virgen y el Niño, varias rosas Tudor, el escudo de Bayona, una representación primitiva de la Santísima Trinidad y una efigie de Santiago Peregrino. Las vidrieras de la Iglesia, recuperadas en el siglo veinte, contienen escenas de la historia de Hondarribia, e imágenes religiosas. En el Museo de Arte Sacro, en el interior de la iglesia, encontraremos relicarios, un candado que cerraba el Santo Sepulcro de Jerusalén en época de las Cruzadas y un capitel de mármol originario del Pretorio de Pilatos, además de numerosas muestras de trabajos ornamentales y de orfebrería. Desde aquí parte la famosa procesión de Viernes Santo, una de las pocas de este estilo que se conservan en Gipuzkoa.

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