Nos encontramos en el Paseo de Colón; una amplísima avenida de aproximadamente un kilómetro, formada por una ancha carretera y holgados paseos laterales, poblados de árboles y limitados por hermosos edificios. Es la principal arteria comercial de Irun, en la que podemos encontrar establecimientos como el Buen Aroma, en el número diecisiete, con una gran variedad de productos artesanos como cafés de origen, Indonesia, Kenia, Brasil, Costa Rica, Nicaragua o Colombia, tés de todos los continentes, destacando los blancos, elixir de la juventud, infusiones, chocolates artesanales, mieles naturales, de limón, castaño, acacia o romero y magdalenas caseras. Además, usted podrá seguir su recorrido llevándose para tomar zumos de naranja, café, chocolate o agua de frutas.
En un enclave muy próximo a este paseo se hallaron los primeros restos romanos que dieron lugar a uno de los mayores descubrimientos de la provincia de Gipuzkoa. Y es que los numerosos yacimientos encontrados en Irun hacen suponer que fue la ciudad romana de Oiasso, que los geógrafos grecolatinos situaban en esta zona costera, mencionándola como uno de los puertos más importantes del Atlántico, junto con Burdeos y Londres.
Ligada a Navarra desde sus orígenes, pasa en mil doscientos a pertenecer a Gipuzkoa. En mil setecientos sesenta y seis logra independizarse de Hondarribia afianzándose desde entonces como un importante núcleo de población, por su rápido desarrollo económico. Durante el siglo diecinueve llegan la luz, el ferrocarril, las aduanas y la administración del Estado, lo que hace que Irun se convierta en la segunda ciudad de Gipuzkoa.
La localidad padeció, a lo largo de su historia, numerosos ataques debido a su situación fronteriza. Pero, sin duda, las que han marcado su historia y su fisionomía, han sido las dos batallas de San Marcial y la Guerra Civil española. Durante su estallido, la ciudad fue bombardeada, antes incluso que Gernika, produciéndose un incendio que la arrasaría casi por completo.
El escudo de Irun representa un castillo de plata, con ventanas y puerta en azur, sobre gules. Sobre él, dos torres en color plata con grullas pardas, y por encima de éstas, un yelmo y la inscripción “Vigilantiae Custos”, siempre vigilantes. La ciudad conserva los títulos de “Noble y Leal, Muy Benemérita y Generosa, Heroica, Excelentísima y Muy Humanitaria Ciudad” y cuenta con el honor de ser, junto a San Sebastián, las únicas poblaciones con título de ciudad por concesión real.
Mención aparte tendrá la Isla de los Faisanes, el condominio más pequeño del mundo, compartido desde mil seiscientos cincuenta y nueve, con la firma de la Paz de los Pirineos por Francia y España.
Es una ciudad de gran dinamismo, con muchos eventos culturales que le son propios, como la Vuelta Ciclista al Bidasoa en mayo, la Euskal Jira primer sábado de agosto: un desfile de carrozas con temática irundarra, vestidos de baserritarras y música vasca y el Certamen de Cine y Video Joven en diciembre, feria del libro en abril. Pero sin duda, la magia la pone, el veintitrés de diciembre, el Olentzero, que baja del monte para repartir regalos entre los niños, acompañado con canciones en euskera con sus correspondientes bertsos.
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